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" Las manos de los periodistas más prestigiosos de nuestro país pueden estar manchadas por el amarillismo de la noticia fácil e incendiaria".
Jean Paul Marat es uno de esos personajes a quienes la historia ha consagrado como adalides de humanidad y libertad. Personajes que atrincherados en la pluma han propiciado el caos y la destrucción, genocidio y perdición.
Marat, para quienes no lo saben, fue uno de los protagonistas de la revolución francesa, encabezando un grupo llamado el “Comité de Salud Publica”, cuerpo encargado de enviar a la guillotina, o cuchilla nacional a todo aquel que recordara el pasado monárquico francés. Llamar al vecino Señor, o invocar a Dios en una expresión podían significar sin broma, perder la cabeza. En ese escenario Marat editaba un famoso pasquín llamado L'Ami du peuple (El Amigo del Pueblo), en él, escribía una suerte de diatriba de odio que extendió los límites de la maldad humana hasta extremos antes impensados, amparados por la manta revolucionaria de “Libertad, Igualdad y Fraternidad”.
“Il Duce” Benito Mussolini fue en sus años tempranos un consagrado periodista, que llevo al poder al Fascismo desde los tabloides que le servían como vitrina de opinión.
Nuestro país no ha sido ajeno a estos fenómenos, quién más sino el que se proclamaba “No un hombre, sino un pueblo”, el mismísimo Jorge Eliecer Gaitán, que desde su pluma y en la tarima proclamaba un discurso de odio y resentimiento. Él mismo proclamo: “Si me matan, vengad mi muerte”, y así fue, el 9 de abril de 1.948 se cuentan en cientos, o tal vez miles los muertos, victimas de lo que la historia ha llamado “el Bogotazo”. Todo esto, gracias al manejo posiblemente inconsciente que algunos de quienes ostentan una posición importante en el manejo de la opinión pública asumen, muchas veces sin dimensionar las consecuencias que las palabras pueden traer.
El siglo XX y la democracia liberal de occidente nos han otorgado el regalo de la prensa libre, una que informa y enriquece la opinión de la sociedad en la que vivimos. Sin embargo, no han sido pocos los casos en que la libertad de prensa ha actuado para acabar vidas y honras, incluso, las manos de los periodistas más prestigiosos de nuestro país pueden estar manchadas por el amarillismo de la noticia fácil e incendiaria. Me ha correspondido ver dos o tres veces tras bambalinas como adalides del periodismo colombiano atacan sin cesar algún ciudadano, con cizaña y odio profundo por todo lo que rodea un objetivo puesto en indefensión ante la opinión pública caldeada por lo que creen, una investigación seria y justa contra el enemigo público del momento.
No se trata de prensa alternativa, o prensa responsable, se trata de que hasta los mismos medios de comunicación en lo más alto de la pirámide del prestigio pueden ensañarse y difundir todo cuanto creen su propia verdad, aun sabiendo otra versión, negándose descaradamente a presentar la otra cara de la moneda, o como suele ocurrir, editando y tergiversando todo lo que en su defensa algún ciudadano desafortunado pueda argüir.
Muchos de quienes me conocen podrán explicar estas palabras por la situación actual que me rodea, pero recuerdo ocasiones anteriores en que la verdad conocida controvertía la realidad comprobada que por fortuna más de una vez he tenido la fortuna ver.
Se trata de “No comer entero”, y de por un momento alejarse de la realidad puesta en nuestras manos por la prensa, y no condenar al enemigo público del día en primer término al enemigo público de turno, sino en intentar contrastar la información de uno y otro lado, formar un criterio y tener la autoridad de conciencia para opinar y condenar.
Por: Oscar Alfredo Hernández Morales
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