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Esta es una forma de apreciar la realidad. Pero, ¿a dónde nos lleva?. A dónde nos conduce esta amarga y lúgubre visión del mundo?. ¿Qué tipo de “futuro” esperamos si realmente creemos que no hay ninguna alternativa?. Soy de las que piensan que el mejoramiento del mundo es posible y puede ser logrado a través de buenas acciones y de una conducta loable. Por muy irrealizable que esta posición pueda parecerle a algunos creo que es plausible pensar que puede abonarse el terreno para un cambio positivo cambio si consideramos seriamente la noción de protagonismo colectivo y la de esfera de influencia. El protagonismo colectivo nos propone que cada persona, y en un sentido amplio, cada institución de la sociedad, tiene un papel que jugar, independiente de su preponderancia, o de consideraciones de clase y género. La esfera de influencia nos permite reflexionar sobre la escala de nuestras acciones y sobre como éstas pueden afectar a otros. Si estudiamos estas nociones quizá podríamos entender que cada uno tiene algo que abonar al terreno que nos permitirá vivir en un mundo mejor. ¿Y cuáles podrían ser principios rectores para nuestras acciones?. Todos tenemos un conocimiento intuitivo sobre ellos: unidad en diversidad, igualdad de derechos entre hombres y mujeres, la eliminación de los prejuicios, la educación universal, entre otros. ¿Y si cada uno hace buenas acciones todo mejora automáticamente?. No, es solo el primer paso de un proyecto mucho mayor. Es necesario que además de las acciones individuales que realizamos en el transcurrir cotidiano aprendamos a trabajar armónicamente con otros, inspirados en los mismos principios rectores. En este punto ingresamos a otro ámbito, el referido a las organizaciones, que también tienen un papel que jugar, y una esfera de influencia seguramente más amplia que la de los individuos particulares. Esta constatación nos puede invitar a exigir de forma más activa que las organizaciones (públicas, privadas y del tercer sector), sin importar su tamaño, sean responsables y coherentes con la influencia y el impacto que tienen en la sociedad. Como individuos, como ciudadanos y como participantes de organizaciones deberíamos preguntarnos, pero sobre todo respondernos concienzudamente, ¿qué podemos hacer de acuerdo a nuestra escala particular para aportar en la construcción de un mundo mejor?, y ¿qué de eso estamos haciendo en colaboración con otros?. Jenny Marcela Melo-Velasco
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Hits: 435 Comentarios (4)cambios pequeños y comunidad
Buen escrito Jenny. Creo que a veces pensar en las maldades que aquejan a nuestro mundo y discutir de lo que está mal y lo que debería cambiar es una posición cómoda que no es mala de primerazo: a veces sólo podemos generar una conciencia crítica. Pero si ya se vuelve algo crónico, bueno, ya el asunto se trata de conformismo. Uno debe empezar por hacer pequeños cambios, pero significativos, que marquen un viraje total en esos temas críticos que uno ha ido detectando en su vida y en el ruedo público.
Me gusta tmb el llamado que haces a la comunidad. Sin duda no existe cambio sostenible si las intenciones y las acciones no están, primero, enmarcadas en la comunidad. Pero también sometidas a los aportes de otros y a rendirle cuentas a otros (un consejo para los líderes y las organizaciones). Juan Daniel - Construir un futuro
Hola me gusto mucho tu columna como punto de reflexión... No podemos pensar que el cambio esta señalando a los otros tenemos que empezar el cambio nosotros mismos....
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Las noticias que encontramos sobre la situación del mundo son en su inmensa mayoría muy desalentadoras. Creo que a veces el desazón es tan profundo en muchos de nosotros que pensamos que no hay mucho que pueda hacerse, que las fuerzas que rodean el mundo y alimentan el “sistema dominante y hegemónico” son invencibles, y su poderío es inexorable. A veces también podemos pensar que no hay líderes, que no hay personas “visibles” que puedan proporcionarnos una esperanza de cambio.
